domingo, 17 de mayo de 2026

 


¿Hasta cuándo?

Esta noche, una vez más, nuestra comunidad  ha sido sometida a varias horas de ruido insoportable, música estridente y una situación que muchos vecinos describen ya como una verdadera tortura psicológica. Fueron alrededor de cinco horas continuas donde el descanso, la tranquilidad y el respeto simplemente dejaron de existir.

Y duele aún más porque quienes vivimos aquí somos, en nuestra inmensa mayoría, personas buenas  trabajadoras, familias decentes firmadas  en su gran mayoría  por una gran cantidad de adultos mayores que solo aspiramos a algo elemental: vivir en paz y descansar con dignidad después de tantos años de esfuerzo y sacrificio.

No es justo que grupos irresponsables e inadaptados del sector colindante conviertan nuestras noches en un infierno semanal. No es justo que tengamos que vivir encerrados, impotentes y angustiados, esperando a qué hora terminará el próximo abuso. El descanso no es un lujo. Es un derecho humano básico.

Lo más frustrante es sentir que las autoridades hacen caso omiso. Pareciera que hemos llegado a una sociedad donde las normas desaparecieron, donde el respeto se perdió y donde el ciudadano pacífico queda completamente indefenso frente al abuso constante. Vivimos en un clima de anomia, donde quienes actúan correctamente terminan siendo los más perjudicados.

Y entonces surge la pregunta que todos nos hacemos esta noche:
¿Qué hacemos?
¿Cómo se defiende una comunidad pacífica ante agresiones repetidas?
¿Cómo protegemos nuestra salud, nuestro sueño y nuestra tranquilidad?

No queremos violencia.
No queremos confrontaciones.
No queremos conflictos.

Somos personas mayores, vecinos decentes, ciudadanos que solo desean terminar esta etapa de sus vidas con serenidad y respeto. Pero también entendemos que el silencio, la resignación y la pasividad no pueden seguir siendo la respuesta.

Tal vez haya llegado el momento de organizarnos como comunidad, de unir nuestras voces, de documentar cada abuso, de exigir respuestas formales y de reclamar, por las vías legales y cívicas, el derecho a vivir sin miedo ni atropellos.

Porque una comunidad que calla termina acostumbrándose al abuso.
Y nosotros no queremos acostumbrarnos a perder nuestra paz.

Hoy este llamado nace desde la angustia, el cansancio y la impotencia, pero también desde la esperanza de que todavía podamos defender juntos algo tan sencillo y tan valioso como el derecho al descanso y a la convivencia respetuosa.

Les dejo en la sección de documentos una carta que hemos redactgado para llevarla a las autoridades correspondientes. 

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