Del otro lado de la puerta
que no abre
Carlos M
Ruiz P.
Hay una
escena que conocemos bien. Un ascensor se detiene entre dos pisos, y en
cuestión de minutos el chat de WhatsApp se llena de mensajes. Un día sin agua y
la conversación se enciende. Una puerta que no cierra y alguien pregunta, con
razón y con prisa, qué está haciendo la Junta.
Queremos
empezar diciendo algo importante: tienen derecho a preguntar. Un
edificio que funciona es lo que todos queremos, y el reclamo, cuando es
respetuoso, es una forma de cuidar lo que es de todos. No venimos a pedir que
dejen de exigir.
Venimos a
contarles lo que se siente del otro lado.
Somos
propietarios, igual que ustedes…
Rosario,
Kenelma, Marisol y yo como alguien que colabora desde mi teclado, no llegamos a
la Junta desde afuera. Vivimos aquí. Pagamos el mismo condominio, subimos las
mismas escaleras cuando el ascensor falla y también nos quedamos sin agua.
Cuando algo se daña, nos afecta igual que a cualquiera.
La
diferencia es que, además de vivirlo, nos toca resolverlo. Rosario mantiene
informada a la comunidad, es el motor que mueve esta máquina, va de compras, se entiende con los contratistas, supervisa, manda comunicados, es la líder incanzable que nos guía. Kenelma se ocupa de las compras, la logística y la
supervisión del trabajador residencial. Marisol y yo llevamos las finanzas y
las redes. Cada quien con su tarea, buscando hacer las cosas lo mejor posible.
Lo que
hacemos y casi nunca se ve
Cada mes
publicamos el análisis financiero, con lo que entró, lo que salió, los
proyectos terminados y los que vienen. Publicamos también las facturas con sus
comprobantes bancarios, porque creemos que la transparencia no es un favor sino
una obligación. Escribimos artículos en el blog pensando en que sean útiles e
interesantes.
Y lo
decimos sin amargura: ese trabajo se hace en silencio. Las visitas al blog
aparecen en las estadísticas, pero los comentarios no llegan. Cuando se logra
una mejora, rara vez se menciona. Cuando falla algo, en cambio, la respuesta es
inmediata.
Venezuela
no ayuda, y lo sabemos todos
Administrar
un edificio en un país donde los servicios públicos son inestables es pelear
con una cancha inclinada. El racionamiento de agua, los horarios, las
interrupciones del servicio no son capricho de la Junta ni decisiones que
tomemos a la ligera. Son consecuencias de una realidad que nos supera a todos,
y que intentamos manejar de la forma menos dolorosa posible. Es posible que no se pueda complacer a algunos debido al conocimiento del área, pero es que así debe se, cuando complaces a unos otros quedan inconformes.
Entendemos
el cansancio, porque también lo sentimos. Pero convertir cada limitación en un
drama, o cada falla en una falta de la Junta, no resuelve el problema. Solo
desgasta a quienes intentan resolverlo.
Lo que
nos pesa de verdad
Lo más
difícil no es el trabajo, sino el silencio. Sabemos que hay vecinos que están
coforme con lo que hacemos. Los sentimos, nos lo han dicho en privado, nos han dado una
palmada en el pasillo. Pero cuando en el chat alguien lanza una crítica
injusta, casi nadie responde. Preferimos callar para evitar conflictos, y ese
silencio, aunque nazca de la prudencia, deja solo a quien está dando la cara.
Nos
gustaría que cuando una crítica sea injusta, alguien se atreva a decir con
respeto: «Esto no es así, miren lo que se ha hecho». Y que cuando algo se haga
bien, se diga también. Un «gracias» o un «bien hecho» cuesta poco y rinde
mucho.
Una
invitación
Esto no
es un reclamo, es una invitación a mirar la comunidad como lo que es: un
proyecto compartido. Un edificio no se sostiene con cuatro personas en una
Junta, sino con muchas manos pequeñas: la que paga a tiempo, la que cuida el
área común, la que avisa con calma cuando algo falla, la que comenta, la que
agradece, la que defiende.
No les
pedimos que dejen de opinar ni que nos aplaudan sin razón. Les pedimos
equilibrio: que la misma energía con que se señala lo que falta se use también
para reconocer lo que se logra, al fin y al cabo los logros son de todos. Y si quieren ayudar más, la puerta de la Junta
siempre estará abierta. Siempre habrá una tarea para quien quiera sumarse.
Y claro que seguiremos
haciendo nuestro trabajo con el mismo compromiso, porque creemos en esta
comunidad. Pero haremos mejor ese trabajo si nos sentimos acompañados y no solo
evaluados.
Gracias a
quienes ya lo hacen. Y a quienes todavía no se han animado: este blog tiene un
espacio para comentarios, y cada palabra de ustedes nos importa.
Con
aprecio,
La Junta de Condominio de Residencias El Clavel
Rosario, Kenelma, Marisol y Carlos

