El pago a tiempo no es un favor: es el motor que sostiene a nuestro edificio
Cada mes, cuando llega la fecha de pago del condominio, muchos vecinos cumplen
sin falta. A ellos, gracias. Pero también existe un grupo —no pequeño— que paga
sistemáticamente en los últimos días del mes, casi rozando la fecha límite. Y
aunque para quien paga tarde pueda parecer un simple desliz sin consecuencias,
la realidad es otra: ese retraso tiene un costo humano y operativo directo
sobre quienes menos margen tienen para absorberlo.
Un
modelo sin colchón: lo que se cobra es lo que se paga
Como hemos comentado en algunos de nuestros artículos, nuestro edificio
funciona bajo un esquema de **cobros y pagos**: no existe una caja
acumulada de la cual echar mano cuando faltan recursos. (prueba
fehaciente es el rompimiento del tubo hace un par de días, hubo que solicitar
el apoyo de ustedes como comunidad y si bien pudimos cancelar, el caso es que
todavía a estas alturas quedan 14 aptos que no han cancelado). Es asi
como el dinero que ingresa cada mes es, literalmente, el dinero con el que se
cubren los compromisos de ese mismo mes: el sueldo del personal de
mantenimiento, limpieza, vigilancia y administración; los servicios básicos;
los insumos; los contratos de mantenimiento de ascensores, bombas, plantas
eléctricas, compras de insumos para funcionar y demás sistemas del edificio.
Esto significa algo muy concreto: **cuando un vecino paga tarde, alguien
más recibe su pago tarde.** No es una abstracción contable. Es el señor de
la limpieza que necesita su quincena a
tiempo, es el trabajador que cuenta con ese ingreso para sus propios
compromisos familiares. La falta de liquidez a comienzos de mes no la asume
"el condominio" como ente abstracto: la asume la gente que
trabaja para todos nosotros.
Por eso la solicitud es simple pero urgente: **quienes acostumbran pagar
en la segunda quincena, adelanten el pago a la primera semana.** No se
trata de un pedimento para crear molestias ni mucho menos de adelantar dinero
que no se debe, sino de alinear el momento del pago con el momento en que ese
dinero realmente hace falta.
La ilusión del "fondo de
reserva"
Muchos condominios en Venezuela creen contar con un fondo de reserva
porque así figura en su presupuesto o en sus estatutos. Pero en la práctica,
ese fondo suele ser una ficción contable: existe en papel como una partida
presupuestada, pero el dinero real que debería respaldarlo **está
atrapado en las cuotas que los vecinos morosos aún no han pagado.** Es
decir, nuestra "reserva" no es efectivo disponible: es una
cuenta por cobrar. Y una cuenta por cobrar no paga una
emergencia.
Esto nos deja completamente expuestos. Si mañana falla una bomba de agua, se
daña la planta eléctrica o se presenta una filtración estructural, no hay
margen de maniobra. La reparación se decide, se cobra y se ejecuta con el
edificio ya en la emergencia, nunca antes. Es precisamente el caso que debemos
afrontar en los próximos días. Los ascensores. Hemos venido confiando en un
mantenimiento que se suponpia que estaba velando por el funcionamiento adecuado
de los ascensores, pero tuvo que suceder la tragedia -que a Dios gracias salimos
con bie de ella- para buscar empresas responsables y que saben lo que hacen,
para darnos cuentas el estado lamentable y de peligrosidad en que se encuentran
estos equipos tan primordiales para todos nosotros. Y para sufragar esta eventualidad
debemos echar mano de recursos que no tenemos y que debemos alterar nuestro
presupuesto familiar para resolver esta situación de seguridad y confort para
todos nosotros
La solución: un fondo de
contingencia real, no contable
Por eso hay una propuesta en la mesa y que debemos de una vez por todas
considerarla y es la propuesta de algo
distinto a lo que hasta ahora se ha entendido como "reserva":
un **fondo
de contingencia efectivo**, cobrado mensualmente como un renglón
más del recibo de condominio, pero con una diferencia esencial: ese dinero **no
se toca ni se gasta en el día a día.** Se resguarda —idealmente
convertido a una moneda estable— y solo se activa ante una necesidad real de
reparación urgente o contingencia mayor.
No es un gasto adicional caprichoso. Es la diferencia entre un
edificio que reacciona a las crisis con angustia y cobros extraordinarios de
último minuto, y un edificio que las enfrenta con serenidad porque ya tiene los
recursos dispuestos.
Lo que está realmente en
juego
Cumplir con el condominio a tiempo no es solamente una obligación
administrativa o legal —aunque lo es, y la propiedad horizontal así lo
establece—. Es un acto de corresponsabilidad con los vecinos y con las personas
que sostienen el funcionamiento diario del edificio con su trabajo.
Un edificio bien mantenido, con personal pagado a tiempo y con capacidad real
de respuesta ante imprevistos, no es un lujo: es el resultado directo de una
comunidad que entiende que su aporte mensual no desaparece en una cuenta
abstracta, sino que se traduce, mes a mes, en el bienestar compartido de
todos.
Si cada uno cumple su parte —pagando a tiempo y respaldando la creación de un
fondo de contingencia real— dejaremos de vivir apagando incendios y empezaremos
a construir, de manera sostenida, el edificio que todos merecemos
habitar.
**La
puntualidad de uno es la tranquilidad de todos.**
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