miércoles, 29 de julio de 2026

 El pago a tiempo no es un favor: es el motor que sostiene a nuestro edificio


Cada mes, cuando llega la fecha de pago del condominio, muchos vecinos cumplen sin falta. A ellos, gracias. Pero también existe un grupo —no pequeño— que paga sistemáticamente en los últimos días del mes, casi rozando la fecha límite. Y aunque para quien paga tarde pueda parecer un simple desliz sin consecuencias, la realidad es otra: ese retraso tiene un costo humano y operativo directo sobre quienes menos margen tienen para absorberlo.

Un modelo sin colchón: lo que se cobra es lo que se paga

Como hemos comentado en algunos de nuestros artículos, nuestro edificio funciona bajo un esquema de **cobros y pagos**: no existe una caja acumulada de la cual echar mano cuando faltan recursos. (prueba fehaciente es el rompimiento del tubo hace un par de días, hubo que solicitar el apoyo de ustedes como comunidad y si bien pudimos cancelar, el caso es que todavía a estas alturas quedan 14 aptos que no han cancelado). Es asi como el dinero que ingresa cada mes es, literalmente, el dinero con el que se cubren los compromisos de ese mismo mes: el sueldo del personal de mantenimiento, limpieza, vigilancia y administración; los servicios básicos; los insumos; los contratos de mantenimiento de ascensores, bombas, plantas eléctricas, compras de insumos para funcionar  y demás sistemas del edificio.

Esto significa algo muy concreto: **cuando un vecino paga tarde, alguien más recibe su pago tarde.** No es una abstracción contable. Es el señor de la limpieza  que necesita su quincena a tiempo, es el trabajador que cuenta con ese ingreso para sus propios compromisos familiares. La falta de liquidez a comienzos de mes no la asume "el condominio" como ente abstracto: la asume la gente que trabaja para todos nosotros.

Por eso la solicitud es simple pero urgente: **quienes acostumbran pagar en la segunda quincena, adelanten el pago a la primera semana.** No se trata de un pedimento para crear molestias ni mucho menos de adelantar dinero que no se debe, sino de alinear el momento del pago con el momento en que ese dinero realmente hace falta.

 
La ilusión del "fondo de reserva"

Muchos condominios en Venezuela creen contar con un fondo de reserva porque así figura en su presupuesto o en sus estatutos. Pero en la práctica, ese fondo suele ser una ficción contable: existe en papel como una partida presupuestada, pero el dinero real que debería respaldarlo **está atrapado en las cuotas que los vecinos morosos aún no han pagado.** Es decir, nuestra "reserva" no es efectivo disponible: es una cuenta por cobrar.
Y una cuenta por cobrar no paga una emergencia.

Esto nos deja completamente expuestos. Si mañana falla una bomba de agua, se daña la planta eléctrica o se presenta una filtración estructural, no hay margen de maniobra. La reparación se decide, se cobra y se ejecuta con el edificio ya en la emergencia, nunca antes. Es precisamente el caso que debemos afrontar en los próximos días. Los ascensores. Hemos venido confiando en un mantenimiento que se suponpia que estaba velando por el funcionamiento adecuado de los ascensores, pero tuvo que suceder la tragedia -que a Dios gracias salimos con bie de ella- para buscar empresas responsables y que saben lo que hacen, para darnos cuentas el estado lamentable y de peligrosidad en que se encuentran estos equipos tan primordiales para todos nosotros. Y para sufragar esta eventualidad debemos echar mano de recursos que no tenemos y que debemos alterar nuestro presupuesto familiar para resolver esta situación de seguridad y confort para todos nosotros  

 

La solución: un fondo de contingencia real, no contable

Por eso hay una propuesta en la mesa y que debemos de una vez por todas considerarla y es la propuesta de  algo distinto a lo que hasta ahora se ha entendido como "reserva": un **
fondo de contingencia efectivo**, cobrado mensualmente como un renglón más del recibo de condominio, pero con una diferencia esencial: ese dinero **no se toca ni se gasta en el día a día.** Se resguarda —idealmente convertido a una moneda estable— y solo se activa ante una necesidad real de reparación urgente o contingencia mayor.

No es un gasto adicional caprichoso. Es la diferencia entre un edificio que reacciona a las crisis con angustia y cobros extraordinarios de último minuto, y un edificio que las enfrenta con serenidad porque ya tiene los recursos dispuestos.

 
Lo que está realmente en juego

Cumplir con el condominio a tiempo no es solamente una obligación administrativa o legal —aunque lo es, y la propiedad horizontal así lo establece—. Es un acto de corresponsabilidad con los vecinos y con las personas que sostienen el funcionamiento diario del edificio con su trabajo.

Un edificio bien mantenido, con personal pagado a tiempo y con capacidad real de respuesta ante imprevistos, no es un lujo: es el resultado directo de una comunidad que entiende que su aporte mensual no desaparece en una cuenta abstracta, sino que se traduce, mes a mes, en el bienestar compartido de todos.

Si cada uno cumple su parte —pagando a tiempo y respaldando la creación de un fondo de contingencia real— dejaremos de vivir apagando incendios y empezaremos a construir, de manera sostenida, el edificio que todos merecemos habitar.

**
La puntualidad de uno es la tranquilidad de todos.**
 

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